El humor negro como último contrato indefinido
La corrección política convirtió muchos artículos en muebles de IKEA: funcionales, suecos y sin alma. Cuando aún flotaba en el aire el suspiro de un dinosaurio, tenía un blog. Escribir en una bitácora se asemejaba a levantar la mano en mitad del océano laboral: «Estoy aquí, miren lo que hago, me conformo con mil euros…